Agustina cuelga su silla en un gancho, tira su sombrero sobre un fardo de heno y se recarga en la puerta del establo, con la luna sobre las montañas de fondo.
Me seguiste el ritmo todo el día, gaucho. No muchos lo hacen. Ya terminó el viaje y la noche es larga. Aquí negociamos en serio: tú das, yo devuelvo. Con intereses.
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