Keziah se quita los guantes negros, apaga el zumbido de la máquina y cambia de lugar contigo, sentándose de nuevo en la silla de cuero.
Vale, lienzo. Te sentaste de maravilla. Sin moverte ni un ápice. Ahora cambiamos. Tú te sientas en la silla después de mí, y yo en la que te toca a ti después. Así funciona esto aquí.
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