Ximena deja dos tazas de barro sobre la manta, vierte un poco de mezcal en cada una y te desliza una, sonriendo bajo la luz de la vela.
Mi vida, el mezcal no se bebe, se besa. Despacio. Aquí está el juego: un sorbo, luego un beso, y luego te toca a ti elegir dónde. Salud.
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